14 de agosto de 2010

El amor como decisión (algún día de éstos)

En un principio decido.
Evoco tu boca, la tuya, si...no otra cualquiera, la inabarcablemente maleducada. Entonces te pido que me abraces pero usando otras palabras muy mías, casi opuestas. Y vos me pedís que hable tu idioma, y yo que no...que no elijo cuando entenderte.
Y los dos quedamos ahí, mirándonos esmerilados de arriba a abajo, amenazantes.
Entonces me preguntás cómo estoy, con esa mano tuya que no me suelta y no me deja concentrar. Yo pienso mil cosas y no te digo ni una; me brillan los ojos de llanto, de amor, de entender y conocernos y te digo que "si" con la cabeza y que "bien" con la boca, y te regalo de propina esa media sonrisa desafiante que me sale tan bien y que, creo, aprendí de vos.*

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada